De toros y estrellas

De toros y estrellas

Elidio La Torre Lagares

Madeline Millán sitúa al lector entre caminos que se despliegan por los espacios textuales del lenguaje. En 365 esquinas, encontramos a una poeta en su madurez creativa con una obra híbrida que trenza la poesía -en su condición de expresión mínima- con una rica y etérea prosa poética que culmina en sus más exquisitos momentos, en relato. Así, con éste su más reciente texto, Millán emprende una poética de la movilidad entre géneros, una evasión ante los anclajes, o un cierto modo de poesía nómada que no se desprende de su sentido más contundente: la palabra como subsistencia.

Estos son los poetas que participaron el Jueves, 15 de noviembre de 2007 en el Centro de Convenciones de Puerto Rico. De izquierda a derecha: Elidio La Torre Lagares (editor de Madeline Millán con De Toros y estrellas, 365 esquinas y Día 0), Rodolfo Hasler, Zoé Jiménez Corretjer, Etnairis Rivera, Elizabeth Cazessús, Alberto Martínez, Félix Cana, Ylonka Perdomo, Hjalmar Flax y Néstor Barreto.

 

 

De toros y estrellas

por Mario Cancel 

La lectura del volumen De toros y estrellasde la poeta Madeline Millán, publicado por Terranova editores, pone otra vez sobre el tapete la necesidad de revisar los esquemas de la historiografía literaria puertorriqueña. La crítica local se ha caracterizado por su tono magisterial y el fuerte acento esencialista que le impone su notable componente territorial. Dicha práctica ha privilegiado la producción literaria elaborada dentro de los límites de la isla en idioma español. La producción de los puertorriqueños radicados en Estados Unidos o la producción nacional en inglés, que ha sido un fenómeno marcado durante la segunda mitad del siglo 20, siempre han constituido la proverbial cenicienta el canon literario. 

Da la impresión de que la crítica revisionista o alternativa no ha sido lo suficientemente persuasiva como para abrir esa Caja de Pandora y reconocer que la literatura nacional es algo más que un remedo de la tradición hipánica. La lectura de esta obra representa una excelente oportunidad para hacer algunos apuntes al respecto, a la vez que se acelera la desterritorialización de la crítica al uso. Desde la perspectiva de la caja abierta, la de Pandora, el volumen De toros y estrellasde Madeline Millán no es una simple muestra de la poesía puertorriqueña en Nueva York en el sentido diferenciador que imponía ese criterio de codificación hace treinta años. Hay algo más que simple manifiesto de la diáspora en este libro. Se trata de un conjunto de poesía muy sugerente elaborado desde un espacio discursivo distinto cuyos pretextos sorprenden. 

Madeline Millán es una poeta puertorriqueña que trabaja un lenguaje poético que camina a contrapelo de la lírica puertorriqueña reciente. La clave ideológica de este tipo de escritura alternativa radica en que las fronteras geográficas, el allá y el acá, resultan cada vez menos importantes al momento de pasar revista sobre el producto cultural. En De toros y estrellasla literatura puertorriqueña ya no se encuentra atrapada en las trampas que la modernidad, ese pasado siglo 20, le inventó. 

El lector encuentra otras sorpresas cuando revisa la construcción de los poemas. Uno de los rasgos sobresalientes de la primera parte, dedicada al cineasta Pedro Almodóvar, es la preeminencia del mundo de la imagen como (pre) texto literario. El ejercicio con el filme “Matador” (1986) de Almodóvar en el cual se celebra la inusual imagen de un serial killererótico, representa un curioso juego con las evanecescentes “estrellas del séptimo arte.” El conjunto de poemas dimana un erotismo duro para el cual las “prácticas de acoso y derribo” y la estocada final sugieren crudamente la mecánica de los “ejercicios amatorios y bélicos.” La guerra, la caza y el sexo se representan por medio un conjunto de signos análogos. El recurso a la imagen que rodea estos textos le da una fuerza inusitada a la palabra.

            El poema 11: “Final de la corrida” se construye sobre el pretexto de una secuencia escénica de cierre. “El redactor –dice la poeta- autor y editor no se comprometen / con ningún punto de vista. / Nunca lo han hecho (...) Cualquier parecido con la realidad / -escrito al final de este celuloide frágil o memoria- / será pura coincidencia.” Millán no pierde la oportunidad para ratificar su propuesta creativa. Se trata de un arreglo de cosas sueltas. La novedad radica en el arreglo, no en las partes. La responsabilidad de traducir el cosmos de una manera definitiva ha sido sobreseída. Esta manera de afirmar la contingencia de las cosas y la indeterminación de los juicios le da una belleza inusitada al discurso.

El poema “Largo metraje” vuelve sobre el asunto: “Las palabras y las imágenes nos afectan, / nos liberan, nos inducen al éxtasis de una inocencia / que no conocemos.” Los cuerpos están invadidos como en “Videodromo” (1983) de David Cronenberg, película que el artista del pop Andy Warhol llamó “la naranja mecánicade los 80.” La frontera entre la realidad y la virtualidad queda abolida en una trama que introduce al observador en el mundo de la videosfera. La video generación que se configuró en la década de 1980 se encuentra a sí misma en este texto. Las alusiones espesas que se hacen, por solo mencionar dos casos, de Clint Eastwood con la chillona música de fondo de Ennio Moricone en “El bueno, el malo y el feo” (1966) transportan al lector a un espacio distinto. Los spaghetti westernal estilo de Sergio Leone constituían una interesante parodia de la grandilocuencia estadounidense respecto a su pasado heroico. 

            Otra alusión conduce a la superpoblación de silencios del personaje de Aschenbach (Dick Bogarde) en “Muerte en Venecia”, la recreación del cineasta Luchino Visconti de la obra de Thomas Mann con los reiterativos ritmos de Gustav Mahler. Como en el caso de los ejercicios cinegéticos, el lector confía de buena fe igual que el viejo músico enfermo en la Venecia del siroco y el cólera, que “quien ha contemplado con sus propios ojos la belleza, está ya consagrado a la muerte.” Para algunos de los que apropiamos aquellas imágenes durante los años ochenta, la frase  constituye una traducción precisa de un estado de crisis que apenas se comienza a resolver hoy. 

            Del mismo modo el poema “Hitchcock” abre con una alusión a la “sopa enlatada Campbell” que a mí me recuerda más los trabajos de Andy Warhol que a las sopas de letras que nunca me gustaron por el sabor artificial que tenían. El ludismo con que Madeline Millán juega con las consonantes HDP hasta recomponerlas en la trilogía PHD es invaluable. El poemario demuestra que la memoria es sutilmente tramposa cuando se trata de imágenes. En efecto, el filme “The birds” (1963) del cineasta de suspenso Alfred Hitchcock todavía me recuerda automáticamente al Parque de las Palomas al lado de la Capilla del Cristo. La memoria del parque está mediada por el hecho de que conocí los dos espacios prácticamente a la vez. 

En este poemario las metáforas de la realidad se construyen a través de esa virtualidad fugaz de la imagen cinematográfica en un proceso que se complica aun más después de los años 1990 cuando se impuso el reino de la virtualidad, la imagen extrema y la inmediatez. En verdad, como dice la poeta, “escribir en este medio es una gestión del alto riesgo.” Resulta fácil ser otro cuando se hace literatura. Pero el riesgo es necesario: “Lo que queda es el arte o la muerte”. Crear significa sobrevivir.

            La otra propiedad que se afirma en esta lectura es la erosión de la distinción entre cultura superior y la llamada cultura de masas, cultura pop o simplemente paracultura. El fenómeno que representó en 1979 la publicación por la Universidad de Berkeley en California del volumen The endurances of Frankenstein. Essay’s on Mary Shelley novel, lo significa en esta colección la alusión a un texto de Dominique Lapierre y Larry Collins: O llevarás luto por míen 1967. Allí la vida del torero Manuel Benítez, El Cordobés se transforma en símbolo de la vida de la España franquista. Con ese elemento la autora completa el ciclo de la lidia en la primera parte del libro.

En De toros y estrellaslo erudito se codea con lo kitsch. El uso del pastiche con artefactos procedentes de las artes visuales, el remedo de signos diversos y hasta contradictorios, la aleación de sugerencias que quiebran toda posibilidad de unidad estilística son patentes en el poemario. El recurso es evidente en la apropiación de giros concretos de la música pop tal como hace con la salsa de 1980 o con Ismael Rivera, de la figura enigmática del rastafari Bob Marley, de la rubia Marylin Monroe que vuelve a recordar a Warhol y al fugaz marido Joe DiMaggio, el trasunto de la nueva trova, y la parodia fuerte de Michael Jackson, elementos que conviven con el signo literario por excelencia de Estados Unidos el poeta Walt Withman. Toda sublimidad resulta inoperante en ese panorama.

Por eso la frase “con las estrellas de fania nadie se meta” preside la obertura de la parte II. El “Poema para ser soneado con Ismael Rivera” contiene un complejo collage de fragmentos de una variedad de piezas musicales memorables: “ya me voy, mi hijiiita me espera,” “cúcala que cúcala que cúcala,” “la chumalacatera, maquinolandera” representan una ciencia de la calle compartida por una generación. Pero el verso “Gacias a la vida que me ha dado tanto” se aloja en otro tipo de nicho urbano: “un bar / de la calle San Sebastián” sobre el fondo común donde conviven las “Olas y arenas” de Silvia Rexach y el mar de Alfonsina. Este ejercicio nostálgico, la abrumadora actitud retrode la poeta, permite la generación de una parodia de la modernidad totalmente vacía de rictus. Aquel proceso mimético no representa el mundo fielmente. Lo reconstruye a gusto a través de la palabra demiúrgica.

Todo ello me lleva a la consideración de que la escritura de Madeline Millán es solo una huella, un gramsegún el lenguaje de Jacques Derrida. La poeta es lo suficientemente sincera para renunciar a reflejar lo real. Estos poemas son la traza de otra traza como lo entendía el gramatólogo francés. Por eso es poesía evasiva y antisistémica. La renuncia a la realidad fuerza a la autora a establecer una relación tensional con las cosas que asume la existencia, sea lo que sea, como un cúmulo de conflictos que la soñada dialéctica hegeliana no va a superar en el mundo de las Ideas. La poeta no pretende fijar o estructurar nada, se arroga el fluir perpetuo de las cosas y la irrepresentabilidad de lo real.

La parte IV que es una búsqueda de sí en el “Canto a Nefertiti” en “Vi a mi madre” y en “Acerca de mi nombre y presunta identidad,” ratifica el acto transgresión. La exterioridad de los textos pasa del verso a la prosa con una facilidad aterradora. De este modo la poesía dilapida toda su solemnidad mientras gana en un dulce cinismo. Lo que pierde en academicismo fatuo lo gana en espontaneidad, lo que se evapora del concepto lo gana en sensualidad. La única salida de aquella actitud es la aceptación de que íntimamente la noción de sujeto está rota. Por eso la poeta puede decir en la primera parte del poemario que “Sócrates estaba muerto, bien muerto. / Y todos sus discípulos habían olvidado totalmente, / hasta el punto de la amnesia, su lección magistral.” Por eso también, al aceptar su multiplicidad, sostiene que “todo pasa porque ni yo mismo sé como me llamo.”

Confieso que no conozco bien las tradiciones literarias estadounidenses que potencialmente afectan la formación de Madeline Millán en aquel orbe. La comunidad de tensiones culturales en occidente en los últimos 50 años me resulta más familiar. El efecto que aquellas tensiones han tenido en términos de la demolición de la imagen de esta herencia civilizatoria me resulta más claro. Parec que hay algo de “Los poetas de Nueva York,” me refiero a Frank O’Hara, John Ashbery, Kenneth Koch y James Schuyler, en la poesía de Millán. Se trata de una sintonía de actitudes. En aquellos poetas cobraron importancia los temas de la gran ciudad y la mitología de la avasalladora cultura pop de consumo. 

Un proceso análogo ha sido reconocido en el caso de Europa por el musicólogo e historiador de la cultura del University College of London, Axel Körner. Körner insiste en la filiación norteamericana de aquel fenómeno para explicar de un modo académico el tránsito a la cultura de la postmodernidad en el viejo continente. Como se sabe, la experiencia de “Los poetas de Nueva York” impuso una informalidad extraordinaria en la palabra poética que ha sido interpretada por la crítica como un proceso de (des)intelectualización de la poesía. Claro que esa (des)intelectualización tiene mucho que ver con unos prejuicios muy profundos respecto a lo que significa lo intelectual. Aquel conjunto de experiencias desembocó en la poesía conversacional de los 1970 y 1980 con todas sus virtudes y sus defectos. En su conjunto se trataba de una reacción contra la oficialidad literaria de la época de expansión de inicios de la guerra fría.

En la poesía de Millán también pueden hallase ecos de los estilos del grupo de Black Mountain College de Carolina del Norte y sus happeningsde evidente traza daday surrealista. Fredric Jameson ha marcado el papel de la literatura de poetas como Charles Olsen, entre otros, en la reacción ante la cultura altomoderna que maduró en la época tardo o postmoderna. La tradición de los beatnicksde San Francisco -Allen Ginsberg, Jack Kerouac, Gregory Corso o William Borroughs- también puede ser un antecedente. 

Después de todo la inconformidad con el presente fue un signo de las juventudes de posguerra, en especial las del sesenta, incluso en el Moscú postsatlinista según lo demuestra la experiencia de grupo SMOG alrededor del año 1965. SMOG eran las siglas rusas para la frase “la más joven sociedad de genios” y aunque escritores como Vera Laškova, Jurij Galanskov, Leonid Gubanov o N. Nor, tuvieron un destino literario distinto, las tensiones culturales que estimulaban su reacción eran comunes: el cansancio con el orden heredado. La experiencia puertorriqueña caminó por rutas con las cuales se puede emparentar la poética de Millán desde 1978.

    

        Entonces, que tengan una sabrosa lectura.

 

Prof. Mario R. Cancel

Recinto Universitario de Mayagüez

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